Guía Foodie

Guía Foodie: Abergavenny Food Festival 2017

Ahora que parece que el polvo del camino empieza a asentarse y tenemos un minuto de respiro, aprovecho para contaros qué tal fue el Abergavenny Food Festival, que se celebró del 15 al 17 de septiembre en Abergavenny, un pueblo en Gales, Reino Unido.

Nos enteramos de este festival a través de una de las revistas de recetas a la que estoy suscrita, hacia finales de mayo, y estuvimos informándonos a través de Internet. Hacia principios de junio ya no había alojamiento disponible en 20 km. a la redonda de Abergavenny, para que os hagáis una idea de la popularidad que tiene el festival. Nuestra opción (y la que volvería a repetir después de haber estado allí) fue alojarnos en un hotel de Cardiff junto a la estación de trenes y salir bien temprano por las mañanas, cosa que no nos costó nada porque viajamos con un mapache de año y medio que a las seis de la mañana ya está dando palmas. Una cosa que me sorprendió es que había poco turista internacional (algún asiático), no nos cruzamos con casi nadie de fuera de Reino Unido.

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Gastronomía: Una granja en Sterpenich + Receta

Todo empezó, como tantas cosas en esta vida, con un viaje a IKEA.

Para los que no lo sepáis, no hay IKEA en Luxemburgo (oh, sorpresa), lo que nos obliga a pasar la frontera a Bélgica para ir a  la tienda de dicha cadena más cercana, a unos 20 minutos de nuestra casa. El caso es que de camino hacia allá, nos cruzamos un cartel informativo que decía que una granja de Sterpenich hacía jornada de puertas abiertas el sábado, y que había tour guiado por la granja, puestos de productos artesanos, salchichas y un restaurante improvisado. Ni cortos ni perezosos, decidimos que el día siguiente íbamos a pertrecharnos adecuadamente e ir allí a ver qué se cocía.

Visita Granja Sterpenich27

La granja no era particularmente grande, pero como todas las granjas, tenía sus rincones con encanto, y pudimos ver a unas golondrinas con su vuelo errático y esquivo, bastante contrariadas porque habían cerrado las puertas de unos establos donde al parecer tenían sus nidos, y no hacían más que buscar alrededor de la puerta algún sitio por donde entrar.

Visita Granja Sterpenich25

Visita Granja Sterpenich26

Llegamos sobre las once de la mañana, y la verdad es que había poco movimiento. La granja a la que fuimos estaba especializada en vacas lecheras, así que lo que vimos fue básicamente vacas, vacas y más vacas, todas ellas muy graciosas, eso sí. A Laura le gustó mucho oírlas mugir, bueno, en realidad creo que lo que le gustó fue oírnos imitarlas. Ella se agarraba bien fuerte a nosotros si nos acercábamos demasiado a la valla que nos separaba de los animales, no fuera a ser que la dejáramos allí dentro del establo por equivocación.

Visita Granja Sterpenich6

Visita Granja Sterpenich1

Yo me ilusioné un poco pensando que igual nos vendían algún producto artesano con leche, o incluso mejor, leche fresca de vaca. Igual hasta podía redimirme de mi fracaso intentando hacer clotted cream en casa. Pero resultó que no. Parece ser que está prohibidísimo el tema de vender leche fresca o productos sin pasteurizar adecuadamente, y hay muchas regulaciones, y bla bla bla. Mi gozo en un pozo.

Esta vaca burlándose de mi. La muy.
Esta vaca burlándose de mí. La muy.

En su lugar, los pocos puestos artesanos que había (unos cinco), ofrecían una escasa variedad de productos, y fuimos arrastrando los pies a ver qué se nos presentaba, porque ya íbamos con bastante pesar por no poder tener algún producto lácteo rico en nuestras manos. Afortunadamente, la calidad pareció primar sobre la cantidad. Uno de los puestos vendía verduras cultivadas a pequeña escala, respetando el medio ambiente y todas esas cosas tan modernitas necesarias para una concienciación con la explotación agraria.

Visita Granja Sterpenich10

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La verdad es que tenían el puesto hecho un primor, todo bien colocado, con aires rústicos pero a la vez muy cuidados estéticamente. Así que yo me dediqué a freírles el puesto a fotos, claro, mientras Esposo™ se dedicaba a ojear las verduras, a ver qué había de interés. Lo que más destacaba eran unas remolachas y unas zanahorias, y también tenían algunas lechugas y las grosellas que veis en la foto de arriba. Nos decantamos por las zanahorias, aunque estaban a 2,50€ el ramo de 10 o así. Compramos dos ramos, y cruzamos los dedos para que nos saliera bien la jugada. Decidimos hacer algo con ellas por la noche para cenar, ya veríamos qué.

Los otros puestos no eran tan interesantes. Había uno con magdalenas, galletas y dulces que tenían un aire sospechosamente industrial, y decidimos no pringar dinero ahí a lo tonto. Otro puesto ofrecía adornos en madera pulida, muy bonitos, pero no vi nada que me interesara lo suficiente. Después había uno en el que trabajaban metales oxidados para darles una nueva vida y utilizarlos como decoraciones de exterior, pero tampoco vi nada que me llamara la atención, casi todo eran hadas y duendes (figuras de las que no soy particularmente fan). Finalmente, dimos con un puesto centrado en la apicultura, donde te vendían miel recogida del día anterior y donde también te explicaban los cursos de apicultura que ofrecían. No se preocupe, señora, le dejo yo a mi hija un par de días y es como si hubiera tenido un cursillo acelerado de seguridad en apicultura. Aquí compramos un bote de miel (¡6 eurazos!), porque es algo que en casa utilizamos bastante, si no es para endulzar un té, es para alguna vinagreta o alguna marinada. Ya os diré qué tal.

Visita Granja Sterpenich15

Después nos tomamos un refresco y decidimos seguir ruta. Había actos programados para la noche, por ejemplo un concierto con una banda de música blue grass, pero nosotros las noches las tenemos bastante limitadas desde hace 14 meses, con la familia viviendo lejos y visitando dos veces al año. El restaurante parecía no estar en marcha todavía y tampoco pensamos que nos fueran a ofrecer nada del otro jueves, parecía ofrecido por una empresa de catering… Me parece que ahí perdieron una oportunidad de utilizar productos de la región y darlos a conocer más, pero bueno, también es verdad que una granja lechera tendrá sobre todo leche, y si no te dejan comercializarla a particulares…

Y ahora viene lo interesante. Llegamos a casa y:

“¿Qué hago yo con todas estas zanahorias?”

Zanahorias al horno2

Para ser sinceros, olían bien y tenían muy buen color. El chico nos dijo que las había cogido la noche de antes, así que presumiblemente estaban bastante frescas. Pero ya se sabe cómo son estas cosas, nunca sabes de quién fiarte porque las zanahorias de 1 euro del supermercado también huelen bastante, pero eso es algo que se puede lograr artificialmente. Aún así, conservamos nuestra buena fe y decidí pensar en una receta que sacara lo mejor de estas perlas anaranjadas.

Zanahorias al horno5

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Al final me decidí por hornearlas, porque como eran finas podía echarlas directamente al horno, y además así pensaba obtener esa textura aterciopelada de la zanahoria bien cocinada, pero que no tiene el inconveniente del exceso de agua, como ocurre al hervirla o hacerla al vapor. Por otro lado, quería comprobar cómo de dulces y con qué matices iban a salir al hornearlas, ya que esto suele ser un buen indicador de la calidad del producto.

Zanahorias al horno7

El aliño en sí no tiene misterio: aceite, ajos, sal, pimienta, comino y nuez moscada. Estos dos últimos son dos especias que se suelen combinar con frecuencia con la zanahoria, el comino en platos calientes y la nuez moscada en el famoso carrot cake. La combinación es simple, pero a la vez realza lo mejor de una buena zanahoria.

¿Cómo creéis que salieron?

SU-PE-RIO-RES.

Voy a intentar describirlo. Imaginaos una zanahoria que se deshace en la boca, y en lugar de tener ese dulzor artificial y sintético de las zanahorias habituales, tiene notas dulces sutiles pero evidentes, un sabor que no disfraza nada, sencillo y sofisticado al mismo tiempo.  A mí me dejaron hechizada, y eso que las zanahorias nunca me han resultado una verdura del otro jueves, pero estas realmente valían lo que costaron.

Zanahorias al horno9

La prueba de fuego fue dárselas a probar a Laura. Ahí sí ves dónde está la calidad. El viernes habíamos intentado darle zanahorias y pescado para cenar, por aquello de que tenga una dieta completa y equilibrada. El pescado se lo comió la mar de contenta, pero la zanahoria no quiso ni olerla. No hubo manera de hacérsela comer.

Ayer me hice la encontradiza y le dejé un trocito de zanahoria en la bandeja de su silla, donde la sentamos a la hora de cenar con nosotros. Yo, mientras tanto, seguí a lo mío (tragar zanahorias y pensar cómo os las iba a describir satisfactoriamente). Empezó como hace con toda la comida: dándole con el dedo, intentando aplastarla, etc. Pero en un momento dado se la metió en la boca, y lejos de escupirla o hacerle ascos, la tía empezó a tragar zanahoria como si fuera Bugs Bunny. Me di cuenta de que tenía todavía un poco de tallo su zanahoria e intenté quitársela para limpiársela bien y bueno, casi me llevo un bocado en el dedo, acompañado de un grito indignado. Le acabamos dando otro trocito, y ella encantada de la vida.

Nosotros utilizamos estas zanahorias para acompañar carne de cerdo hecha a la plancha, nada muy loco, pero combinaba a la perfección, ya que el cerdo se beneficia mucho de notas dulces. Me parece que estas zanahorias pueden utilizarse como acompañamientos de asados de carne o ave con muy buen resultado. Aún me quedan zanahorias (¡menos mal!), así que probaré a cocinarlas de otras formas.

¿Os gustan las zanahorias? ¿Habéis probado zanahorias que no son de supermercado? Podéis contármelo por Twitter o Facebook.

Zanahorias al horno

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June 25, 2017

  • Preparación: 10 mins
  • Cocinado: 30 mins
  • 10 mins

    30 mins

    40 mins

  • Produce: Dos raciones

Ingredientes

200 gr. de zanahorias (preferiblemente finas)

2 dientes de ajo pequeños, machacados

Aceite de oliva

Sal

Pimienta

Comino (al gusto)

Nuez moscada (al gusto)

Indicaciones

Precalentamos el horno a 200ºC

Lavamos bien las zanahorias, y les cortamos las hojas si todavía las tienen. Si son zanahorias muy gruesas, mejor si las rebanamos por la mitad. Las secamos.

En un cuenco grande, colocamos las zanahorias, un buen chorro de aceite de oliva (mejor si es de sabor intenso), los ajos machacados y sal al gusto. Removemos bien para que se impregnen las zanahorias.

Colocamos papel sulfurizado/de cera en una bandeja para horno. Encima, colocamos las zanahorias, no muy separadas, pero que no se toquen.

Espolvoreamos por encima la pimienta, el comino y la nuez moscada.

Horneamos durante 20-30 minutos, o hasta que las zanahorias estén tiernas al pincharlas con un tenedor.

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Viajes: Comer en Key West

Vamos con la última entrega del viaje por EE.UU. Aunque después de Key West (Cayo Hueso) estuve en otros sitios (Sarasota y algunos pueblos de Pennsylvania, entre otros), no pude sacar muchas fotos a causa de mi dedo roto, que ya estaba un poco cargado hacia el final. En entregas anteriores os hablé de la comida en Nueva York, Washington y Charleston.

KEY WEST, EL PUNTO MÁS SUR DE EE.UU

Si miráis un mapa os daréis cuenta que Key West es el último de los cayos antes de Cuba, que está justo enfrente, y es el punto más sur en territorio norteamericano. Sabiendo esto, yo estaba deseando probar algo de comida de inspiración cubana, algo que fusionara la cultura fast food con los sabores caribeños.

Y lo encontré, aunque más bien era una mezcla estadounidense-mexicano-cubano. Encontramos un pequeño local donde servían tacos (comida mexicana), pero con ingredientes propios de la cocina cubana, todo ello en un servicio muy norteamericano. El lugar se llamaba Frita’s, con un gracioso juego de palabras, ya que el local estaba enteramente dedicado a Frida Kahlo.

Comer en Key West

En el local sólo hay tres empleados, uno de ellos el dueño, pero el servicio fue estupendo. Nos pedimos unos tacos de carne de cerdo acompañados de yuca frita y limonada casera. Estaban deliciosos, el mío tenía un poco de col lombarda, que le daba un toque crujiente muy agradable, y el de Igna llevaba una salsa de la casa. Ambos eran picantes, pero el de Igna más, el mío estaba bastante bien para mi gusto. La verdad es que cenamos muy bien. La yuca frita no se diferencia mucho de la patata, salvo que tiene menos sabor (razón por la que supongo que las acompañaron con una salsa, como veréis en la imagen).

Comer en Key West2

LA ESTRELLA DE KEY WEST: KEY LIME PIE

Si hay un producto del lugar que es conocido en todo el territorio norteamericano (y fuera de él), es la llamada Key Lime Pie, que es una tarta de lima, pero no una tarta de lima cualquiera, sino una tarta de lima cultivada en los Cayos (de ahí el “Key” del nombre). Teóricamente si no se hace con limas de los Cayos no se puede llamar Key Lime Pie, pero creo que allí no son tan celosos de esas cosas como nosotros.

Comer en Key West3

Nosotros la probamos de una pastelería que tenía buena fama en el lugar y en la que la hacen casera cada día (por lo que hay que darse un poco de prisa, ya que se acaba rápido y no guardan de un día para otro). De sabor es muy parecida a la lemon meringue pie, la conocida tarta de limón y merengue, sólo que no incluye merengue y por esa razón queda bastante más ligera al comerla. Tiene sentido, ya que con el calor que hace en Key West tampoco apetece mucho llenar la panza de merengue.

En todo el viaje por EE.UU nos hemos dado cuenta de la gran variedad de comidas que hay en el país, a pesar de que internacionalmente se vende la idea de que allí sólo se comen hamburguesas y de vez en cuando pollo frito. Eso sí, los platos más emblemáticos son casi todos herencia de platos de otras partes del mundo, especialmente europeos (como ya sabréis, ni las patatas fritas ni las hamburguesas son originalmente norteamericanas). En cualquier caso, EEUU es un lugar ideal para probar muchas combinaciones sorprendentes y, eso sí, comer sin parar, algo que está muy asimilado en la cultura norteamericana.

Viajes: Comer en Charleston, SC

Vamos con la tercera y penúltima entrega del viaje por EEUU. En entregas anteriores ya os hablé de Nueva York y Washington. Hoy os hablo de Charleston, en Carolina del Sur, un lugar que me encantó, tanto por lo bonito que era como por lo bien que se comía. Nos gustó tanto que decidimos quedarnos un día más, y nos alegramos mucho de tomar esa decisión.

CHARLESTON, CIUDAD DEL TÉ Y LA LIMONADA.

En un lugar como Charleston, donde el calor en verano pega tan fuerte como en el sur español, una bebida como el té frío o la limonada son una apuesta segura. Sin embargo, no queda ahí la cosa, ya que hay diferentes mezclas utilizando té, como té con limonada, el té dulce (muy típico y muy dulce), y otras variantes similares de este estilo.

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Nosotros pudimos probarlos en un puesto donde hacían delante de ti la limonada y el té, y luego lo podías disfrutar paseando por un mercadillo donde el artículo estrella son cestas artesanas, elaboradas por mujeres afroamericanas siguiendo una tradición que viene desde los tiempos esclavistas.

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LA COMIDA SUREÑA

Charleston fue la primera ciudad del sur que visitamos, y aprovechamos para probar unos cuantos platos típicos del sur estadounidense que van más allá del archiconocido pollo frito.

Uno de ellos es el llamado Shrimp & Grits, gambas con polenta, un plato que no hay que dejar de probar si uno pasa por los estados sureños. La polenta, o sémola de maíz, es muy corriente por la zona, ya que el maíz, como os comenté en otra ocasión, es el cereal americano más corriente.

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Otro plato también de marisco que me gustó mucho y que posiblemente intente replicar en casa son los crab cakes, o pasteles de cangrejo. Combinan el cangrejo con especias picantes y lima en una especie de albóndigas que luego se rebozan y se fríen. El resultado es genial a pesar de su simpleza.

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Hablando de rebozados, también probé los famosos green fried tomatoes, o tomates verdes fritos, como la película. Estos tomates son algo más ácidos que los tomates normales, y también más enteros, lo que hace que sean perfectos para empanarlos y freírlos. Venían acompañados de polenta de maíz, salsa ranchera y verduras picadas. Muy ricos.

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Y cómo no, el ubicuo pollo frito. Aunque muchas cadenas de comida rápida lo ofrecen (y de buena calidad, que lo que nos dan en Europa no es the real deal),  esta vez quisimos probar pollo frito en los restaurantes locales, y fue una de las mejores decisiones de todo el viaje. Probé el chicken with biscuits, que es pollo frito acompañado de scones salados a base de buttermilk, con un poco de okra y una especie de sirope azucarado. Y también probé chicken and waffle, que es pollo frito sobre un gofre a base de maíz y mantequilla de pecanas, también con sirope. Suena rarísimo, lo sé, pero estaba genial, una combinación muy sorprendente pero que hace que te quedes con ganas de más. Me gustó más el primer pollo frito, me pareció que el empanado estaba mejor. El segundo estaba bien, pero el empanado se parecía bastante más a lo que hacemos en Europa.

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Respecto a los dulces, no hay mucho que decir, puesto que Charleston es una ciudad con bastante influencias europeas (de hecho, hay una zona llamada “el barrio francés” donde los nombres de las calles son franceses). Sí que es cierto que probamos un cheesecake demencial, de salted caramel, que nos dejó patidifusos, lo cual nos sorprendió porque tradicionalmente el cheesecake se ha considerado una comida neoyorquina.

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Si algún día queréis viajar a EEUU y  no queréis ir a los sitios más típicos, os recomiendo encarecidamente Charleston, se come genial y es una ciudad preciosa, perfecta para vacaciones relajadas lejos del ajetreo diario.

Viajes: Comer en Washington

Aquí traigo la segunda entrega sobre el viaje por la costa este de EEUU. En la primera parte os hablé de Nueva York, de las mil posibilidades que ofrece y de las cosas que no os podéis perder si os gusta disfrutar de la gastronomía local en vuestros viajes. En esta entrada os hablo de Washington, un lugar donde tuve la oportunidad de ver un farmers market, un mercado de granjeros.

EL FARMERS’ MARKET DE WASHINGTON.

En EEUU los mercados de granjeros son una cosa habitual, incluso en ciudades pequeñas y poco prominentes, aunque dependiendo de dónde se encuentren podemos encontrar cosas más o menos sofisticadas. Este mercadito además estaba al lado de un huerto urbano que utilizan para dar alimento a los más desfavorecidos de la ciudad.

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Aunque tradicionalmente estos mercados se han utilizado sobre todo para vender fruta, verdura y algunos productos lácteos, hoy en día han evolucionado bastante y también es posible encontrar cosas originales y sofisticadas creadas a partir de fruta, verdura, carne y lácteos. Un ejemplo son estos “ketchups de fruta” que probamos y que no nos pudimos resistir a comprar:

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Al principio piensas que sabrán como una mermelada, pero cuando los pruebas ves que, efectivamente, son ketchup, aunque con diferentes notas de sabor dependiendo de la fruta empleada. Otro ejemplo son estas salsas picantes, de las que nos llevamos una muestra pequeña de una combinación de lima y ajo:

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En esta evolución hacia productos elaborados también se han puesto de moda los puestecitos de comida en los que puedes ver cómo preparan diversos alimentos que luego tú puedes degustar mientras paseas por el mercado:

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La verdad es que nos gustó mucho pasearnos por un mercadillo así, y además estaba al lado de toda la zona de monumentos más importantes. Si os gusta la gastronomía y queréis aprender cosas sobre la ciudad de EEUU en la que estáis, visitar el farmers’ market suele ser una buena opción para haceros una idea de qué consumen los locales.

COMIENDO EN WASHINGTON: SUBS

Realmente los subs no son una cosa particular de Washington, sino que es como se llama a los bocadillos en todo el país. No obstante, en los estados del norte hay más tendencia a este tipo de comida, con algunos tan emblemáticos como el Philadelphia (o Philly) Cheesesteak, un bocadillo que lleva ternera laminada fina, cebolla pochada y queso fundido.

Otro de los emblemáticos, aunque quizá más propio de NY (donde no tuve opción para probarlo), es el que comí yo en un sitio especializado en bocatas que había en Washington: bocadillo de albóndigas. Además de las albóndigas lleva salsa marinara y provolone fundido, es muy propio de la tradición italoamericana, como el spaghetti with meatballs. Yo le añadí cebolla picada cruda, para darle un punto de frescor. Es uno de esos bocadillos que me encantaría replicar en casa, junto con el Philly Cheesestake. Igna se pidió un sub de pulled pork, otra de esas cosas que hay que probar en EEUU si uno va de viaje por allí (ya os enseñé una receta de pulled pork aquí)

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Realmente la comida de Washington no se diferenciaba mucho de la comida de Nueva York, quizá había menos variedad, pero aproveché para probar cosas que son generales a todos los estados del Norte. Cuando me ha sido posible sí que he intentado probar platos originales de la ciudad, pero en el caso de Washington, que sólo estuve un día (realmente lo más típico se puede ver en un día), tuve que ajustar mis posibilidades al tiempo disponible.

Viajes: Comer en Nueva York

¡Hola a todos de nuevo! Vuelvo a la actividad bloguera después de haber superado el jet lag, y tal y como os prometí, os traigo algunas entradas para enseñaros lo que estuve comiendo en nuestro viaje de carretera por la costa este de Estados Unidos.

Nuestro viaje empezó en Nueva York, y si algo caracteriza a esta ciudad es su ecléctico panorama gastronómico, fruto de la mezcla de culturas y gentes que habitan allí. De hecho, diría que esto es precisamente lo más destacable de comida en la ciudad: puedes comer casi cualquier cosa y no hay nada que sea exactamente neoyorquino, sino herencia de los inmigrantes de otros países y otras religiones llegados a la ciudad. Algunos platos emblemáticos, como el spaghetti with meatballs (espaguetis con albóndigas), son fruto de esta fusión de culturas.

NUEVA YORK Y LA STREET FOOD

Si hay algo característico en una ciudad que va corriendo a toda velocidad todo el día es la comida de calle, o street food, que ahora se está poniendo tan de moda por España. La razón es muy simple: jornadas laborales larguísimas, con mucho estrés, y poco tiempo para comer sentado en una mesa. Por esa razón proliferan los puestos callejeros que ofrecen todo tipo de opciones, tantas que es difícil escoger.

Puesto de comida italoamericano

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De hecho, una cosa que yo sabía antes de llegar que quería probar es el famoso lobster roll, un bocadillo a base de carne de langosta que es representativo de los estados del norte en EEUU, y que por su formato, es típico comer en la calle.

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Tiene un punto picante, es muy jugoso y se caracteriza por el contraste entre la lechuga crujiente y la carne suave de la langosta. Aún tengo que estudiarlo, pero quiero intentar replicarlo en casa, así que estad atentos ;)

Otra cosa que me llamó la atención lo suficiente como para merecerse un sitio aquí es lo riquísimas que están las mazorcas de maíz allí. Nos pasó algo muy parecido con las mazorcas a lo que nos pasó con las piñas en Bali. Como siempre, cuando viajamos, comer cosas originalmente producidas en el país hace que nos replanteemos nuestros esquemas culinarios. A lo largo de todo nuestro viaje comimos maíz en varias ocasiones, aunque comerlo de la mazorca sólo lo hicimos en Nueva York.

A propósito, en el puesto donde lo compramos lo preparaban de la siguiente manera. No lo hacían directamente sobre las brasas, como he visto yo hacer en la Malvarrosa en Valencia cuando era pequeña, sino que las envolvían en aluminio, y cuando estaban listas las rociaban con mantequilla derretida por encima y un poco de sal. Salían estupendas, muy tiernas, aunque se echaba de menos el toque del maíz ligeramente socarrado por las brasas.

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PASTRAMI, EL REY NEOYORQUINO

Otra cosa popular que probamos mientras estábamos allí fue el pastrami, una creación de origen judío que se toma sobre todo en los delis. Los delis eran originalmente charcuterías donde cortaban el fiambre para llevar, pero en un momento dado se hizo popular cortar el fiambre, preparar un sandwich y tomarlo en el mismo sitio para no tener que volver a casa  a prepararlo, y así se convirtieron en el cruce entre bar y charcutería que son hoy en día.

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Entre los delis hay dos que son emblemáticos de la ciudad: Katz’s y The Pastrami Queen. En ambos comí un pastrami tan bueno que se me olvidó completamente sacar la cámara y hacer fotos (¡lo sé, soy un desastre!), aunque al menos sí le saqué una foto con el móvil. El pastrami es tripa de res curada y ahumada MUY lentamente,  para después ser hervida y cortada muy finita. Dicho así, puede parecer que la carne se va a sobrecocinar, pero si habéis visto la imagen, veréis el color rosa y nada sobrecocinado que tiene. La razón es que la carne ha sido curada lentamente con sal enriquecida con nitrito de sodio antes de ser cocinada.

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El sabor del pastrami es muy característico, con un toque ácido y agrio debido a la curación y el ahumado, pero lo suficiente como para que no resulte apabullante. La forma más popular de tomarlo es: mucho pastrami entre dos cortadas finas de pan de molde, ligeramente untadas con mostaza. Y al lado, cómo no, una patatas fritas.

La verdad es que si tuviera que decir todas las cosas que comimos allí no acabaría nunca esta entrada, así que por eso he escogido lo que no os podéis perder si alguna vez vais a Nueva York. En la próxima entrada viajera, el jueves que viene, os hablaré sobre la comida en Washington.

(¿Quieres ver más fotos de Nueva York? Click aquí)

Me voy de vacaciones… ¡Pero el blog se queda!

– ¡¿¡¿QUÉ?!?!

– Como lo oyes. Me voy a EE.UU de viaje tres semanas, y alguien se tendrá que quedar guardando el fuerte.

– Pero bueno, ¿y yo qué?

– ¡ eres UN BLOG!

– Ah, ¿y ya por eso no tengo derechos?

– ¿Ahora también eres un cylon?

– Encima graciosilla. Pues yo no me hago responsable si a la base de datos le pasa algo…

– Más te vale que no le pase nada, y ahora si me disculpas, tengo a gente aquí leyendo y estamos haciendo el ridículo.

– Me voy a quejar al sindicato de…

– TSSS!

Ejem. Perdonad.

Pues como ya habéis leído, me voy de viaje durante tres semanas a EEUU. Es un roadtrip de Nueva York a Miami (un poco más al sur de esta ciudad, en realidad), desde mañana 20 de junio hasta el 11 de julio. No quería dejaros “huérfanos” de recetas hasta mi vuelta, así que he programado recetas y entradas nuevas para cada MARTES, JUEVES y SÁBADO. Vamos, con la misma frecuencia de publicación de siempre. También he programado que aparezcan los posts nuevos en las redes sociales (tanto en la cuenta de Twitter como en la de la página de FB), para que no os tengáis que estar pasando por aquí a ver qué hay nuevo ;)

Desgraciadamente, debido a la diferencia horaria y, sobre todo, a que estaré de vacaciones, no voy a poder atender (al menos instantáneamente) vuestros comentarios y demás en las redes sociales, pero no os preocupéis, que a la vuelta me pondré con ello sin falta. De todas formas, la cuenta de Instagram sí que espero que esté bastante activa porque quiero hacer fotos de lo que vaya comiendo por allí y de alguna otra cosilla relacionada con la gastronomía. A la vuelta os contaré cosas de recetas y gastronomía norteamericana en unas cuantas entradas.

¡Nos leemos pronto!

PD: Cuidad de que el blog no me haga ninguna trastada ;)